Los niños de los colegios del distrito aprenden la importancia de la participación

Uno de los grupos del colegio Guillermo Fatás.

Uno de los grupos del colegio Guillermo Fatás.

¿Qué supone la participación? ¿Por qué es tan importante? ¿Qué cauces tienen los vecinos para participar en la vida pública de la ciudad? Son algunas de las preguntas que ha tratado de resolver una serie de conferencias que han impartido durante las últimas semanas portavoces de la asociación de vecinos de Santa Isabel Gaspar Torrente y de la propia Federación de Asociaciones de Barrios (FABZ) en los colegios del distrito.

Las charlas se han dirigido sobre todo a los alumnos de Primaria de los centros docentes de El Espartidero, Guillermo Fatás y Juan Pablo Bonet. A través de juegos y mecánicas diversas, los niños han podido descubrir la importancia que tiene la figura de la participación. «Cuando una mañana de enero dos personas que se llamaban José Carlos vinieron a visitarnos y nos contaron dónde estaban trabajando (en la Asociación de Vecinos de Santa Isabel Gaspar Torrente y en la Federación de Barrios de Zaragoza) empezamos a comprender algo mejor lo que significa participar», explica Manuel Fernández, director del colegio público Guillermo Fatás.

Las funciones de las Juntas de Distrito, los múltiples mecanismos de participación que existen a disposición de los vecinos o la importancia de que el ciudadano traslade sus preocupaciones a las autoridades municipales son algunos de los ejes sobre los que pivotaron las charlas. «Pero también nos contaron que de uno en uno, o con problemas particulares, es más difícil conseguir solventarlos; es importante que nos juntemos, que nos asociemos para, entre todos y todas, no solamente estar vigilantes de las situaciones problemáticas que se puedan generar en nuestro barrio sino de formular iniciativas para mejorarlo», constata Manuel.

La participación, a través del juego

Para escenificar lo aprendido, los niños utilizaron papeles adhesivos de diversos colores para crear un gran árbol. Los de color amarillo describían lo que cada uno pensaba que es la participación; de ellos surgían otros de color verde para representar en qué estaba cada uno participando en ese momento y otros azules que simulaban el agua de riego. «Es decir, en dónde nos gustaría participar en el futuro», explica el director del centro.

«Nos quedó bastante claro que aunque aún no podemos votar -el que más años tiene de nuestra clase tiene trece- cuando lo hagamos no nos podemos dar por satisfechos depositando la papeleta en la urna cada cuatro años y olvidándonos de que lo que los candidatos ofrecen en las elecciones son contratos de actuación que comparten con los ciudadanos y ciudadanas», concluye Manuel.

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